Mi bonita tele.
Mi bonita caja.
Mi bonita mentira electrónica.
Es tan hermosa, tan cambiante, tan caliente, tan excitante, tan sexual...
Ohhh sí, esa es.
Mi preciosa niña cableada.
La misma que te muestra costillas pueriles africanas y carne congelada en oferta.
La que juega con los ricitos de algún dandy de gasolinera y los pechos extirpados por el cirujano Cáncer.
La que muestra besos sin lengua y lenguas a menudo cortadas.
La que muestra al niño bonito y a la niña repudiada. Sangre de menstruación feliz y de guerras en nombre de algún dios.
Los bellos pies de alguna modelo sonriente y los muñones despellejados de alguien que no siguió modelos.
Corbatas con consignas políticas y poligamia inevitable de machotes apolíticos.
Fragancias de precios kilométricos y olor a cloaca tailandesa.
Niñas sonriendo sin succionar y chupetones en la dignidad disfrazada de entrepierna adúltera. Canciones para domar el verano y voces penetrando y destruyendo mi corteza cerebral.
Faldas cortas y piernas magulladas.
Es tan bella mi televisión que puede mostrar amor...
...y amoralidad.
A partes iguales.